lunes, 21 de julio de 2014

Los niños migrantes ¿Crisis humanitaria en la frontera?



Hablar de crisis humanitaria en la frontera y de la inconciencia  de que estos niños viajen solos en manos de coyotes, traficantes de indocumentados,  es una visión miope, intencional o no, de la situación real de decenas de millones de seres humanos que es causada por un modelo económico que cada día deja a su paso corrupción, devastación, hambre, miseria, pobreza y violencia en las mayorías.

Esta crisis humanitaria en “la frontera” no es causada por las desnaturalizadas madres centroamericanas  y mexicanas que están enviando a sus hijos a morir o a realizar el “sueño americano”.  Pensar que la supuesta inconsciencia de mujeres y de familias enteras, que toman esta decisión, es la causa principal de esta crisis, es tan cruel como cuando la diputada israelí Ayelet Shaked sugiere un genocidio de las madres palestinas para acelerar la limpieza étnica; que algunos más no todos los sectores israelíes, pretenden en las zonas ocupadas por Israel en Gaza y toda Palestina.

En un análisis pobre de la situación se puede pensar que la causa de esta “crisis humanitaria” es la irresponsabilidad de las y los centroamericanos al enviar menores de edad a que “gocen” de los beneficios de una probable reforma migratoria en los  Estados Unidos de América, o lo que se les ocurra pensar, esto es ignorar la realidad de millones de salvadoreños, hondureños, guatemaltecos, nicaragüenses y mexicanos que tienen que huir de la violencia desatada por la incursión de bandas, pandillas, y carteles de “inadaptados sociales” que reclaman tal colonizadores poblaciones, territorios, derechos y sueños.  

Estas hordas de  “inadaptados sociales”, que sin justificarles, son aquellos hombres y mujeres que alucinados por un sistema consumista y alienante, han desechado la idea de ser un bien de producción barato y se convierten en un bien de consumo caro, sustentado por la población extorsionada e indefensa.  Estas pandillas están integradas por quienes optaron por las pandillas como un modo fácil de obtener lo que la sociedad consumista presume,  y otros más obligados por pandilleros cambio de no asesinarlos.  Lo que se convierte en un círculo vicioso interminable.

Cuando en los medios de prensa se habla de toques de queda impuestos por las pandillas, o de masacres al más puro estilo de Hollywood, y de familias que tienen que dejarlo todo, o sacar lo que puedan por que las pandillas, maras, las han amenazado de muerte sino lo hacen, es mostrar la punta del iceberg de una realidad cruel que lleva a un dilema social.

La inmigración ilegal de niños no es hablar de madres desnaturalizadas; sino de un testigo mudo, de una angustiosa realidad en la que deben escoger entre la posibilidad de que sus hijos mueran en el camino hacía una “vida mejor” en un país de primer mundo; o morir al desobedecer a las pandillas, y/o irremediablemente morir y matar cuando sus hijos se unen a estas.  Un dilema social y humano que obliga y obligará a miles y miles más a escoger entre una realidad atroz que constriñe a millones de hijos de Dios, a vivir en el abandono y la incertidumbre; o acoger una bandera delincuencial para poder sobrevivir; escoger un camino quizá menos peligroso que se traduce  como enviar a sus hijos a una travesía incierta, con peligros más grandes y reales que aquellos mostrados en la Odisea.  

En cualquiera de los dos casos, el resultado puede implicar la muerte de sus pequeños; sin embargo en la inmigración hacía los Estados Unidos de América, existe una esperanza. Al final en las películas de Hollywood se nos vende lo suficiente para soñar que se puede morir tratando, y que en los Estados Unidos vendiendo hamburguesas se puede comprar un auto nuevo, hechos parcialmente ciertos; que de cualquier manera son mejores que ser ingeniero en Centroamérica; y extremadamente mejor que ser operario de una planta maquiladora de las principales marcas del mundo, en uno de nuestros países.  Ya que a esta violencia irracional en los países de Centro América y México, hay que agregar índices de pobreza de hasta un 60% de la población en algunos de estos territorios.

Cuando el Presidente Obama solicita miles de millones para paliar esta “crisis humanitaria” y el Gobernador Rick Perry quiere a la Guardia Nacional en la frontera, atacan los efectos de corto plazo en su país; olvidando las causas reales de esta tragedia y que el hambre es más poderosa que las balas.   Ese mismo dinero, bien invertido y sin corrupción,  en los países donde la pobreza y la violencia causan el éxodo de los niños, niñas, hombres y mujeres, haría maravillas de largo plazo y cortaría de raíz la fuente de indocumentados con el sueño de vivir mejor.

Estados Unidos de América esta en su derecho de salvaguardar su frontera, aplicar sus leyes, detener la inmigración ilegal; pero no puede olvidar que el papel que han tomado en el mundo no le permite ignorar las causas de este problema y que debe tratarlo de manera  integral.

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